El espíritu absoluto hegeliano, ese que se encarna en diferentes sucesiones espacio-temporales, ese del cual está compuesto el ser humano, se ha desgarrado, como el músculo de un futbolista que no hizo calentamiento. Sólo quedan trozos de una mente subjetiva, de una conciencia-de un sujeto. Sujeto que anteriormente anidaba ese espíritu y un espacio para el romanticismo. Esa conciencia media cartesiana, media fenomenológica, que sale de si, para re-encontrarse con el otro, con lo otro... da cuenta de su angustia existencial, de su condición humana, de su eterno retorno. Da cuenta de ese ir y venir, de ese vaiven en el que consiste la vida, en el que consiste el yo y mi entorno. Esa conciencia cientifíca, racional, a ratos positivista, a ratos románticista, se pregunta ¿Qué quiero ahora? Lo que todo ser humano y su falla ontológica desean, tocar lo infinito siendo finitos, tocar el cielo siendo terrícolas. Ahora bien, ¿que sucede cuando el sujeto, conciente de su desgarro ontológico-antropológico, pretende de uno u otro modo lograr lo absoluto, tantas veces como sea posible, y, de igual modo, sin éxito? Observa y experimenta lo absurdo. Logra divisar que la vida sólo es existencia, sin más. No hay valor, sentido, significado, objetivo en esta coincidencia espacio-temporal. Lo que es, es. y lo que no es, no es. Punto. He ahí el trabajo que debe llevar a cabo el individuo, el trabajo artístico, creador, poiético del individuo. Debe crear valores, sentidos, significados, objetivos. ¿Es una obligación crear sentidos, será el caso que el imperativo categórico nos envía el mandato de hacer? Ni idea, discusión para otro aforismo.[intento de] Aforismo 1: Cualquier relación con la realidad, [no] es mera coincidencia
El espíritu absoluto hegeliano, ese que se encarna en diferentes sucesiones espacio-temporales, ese del cual está compuesto el ser humano, se ha desgarrado, como el músculo de un futbolista que no hizo calentamiento. Sólo quedan trozos de una mente subjetiva, de una conciencia-de un sujeto. Sujeto que anteriormente anidaba ese espíritu y un espacio para el romanticismo. Esa conciencia media cartesiana, media fenomenológica, que sale de si, para re-encontrarse con el otro, con lo otro... da cuenta de su angustia existencial, de su condición humana, de su eterno retorno. Da cuenta de ese ir y venir, de ese vaiven en el que consiste la vida, en el que consiste el yo y mi entorno. Esa conciencia cientifíca, racional, a ratos positivista, a ratos románticista, se pregunta ¿Qué quiero ahora? Lo que todo ser humano y su falla ontológica desean, tocar lo infinito siendo finitos, tocar el cielo siendo terrícolas. Ahora bien, ¿que sucede cuando el sujeto, conciente de su desgarro ontológico-antropológico, pretende de uno u otro modo lograr lo absoluto, tantas veces como sea posible, y, de igual modo, sin éxito? Observa y experimenta lo absurdo. Logra divisar que la vida sólo es existencia, sin más. No hay valor, sentido, significado, objetivo en esta coincidencia espacio-temporal. Lo que es, es. y lo que no es, no es. Punto. He ahí el trabajo que debe llevar a cabo el individuo, el trabajo artístico, creador, poiético del individuo. Debe crear valores, sentidos, significados, objetivos. ¿Es una obligación crear sentidos, será el caso que el imperativo categórico nos envía el mandato de hacer? Ni idea, discusión para otro aforismo.
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